
Vieja Estacion - Sala Maschere - Asiago, Vicenza
Una reproducción del monumento del emigrante de Asiago, inaugurado en su vieja estación de Asiago en 1999, fue instalado recientemente en Settlement Square, en el Migration Museum en Australia. La realización de esta “copia” hizo perder el “áurea” de unicidad que poseía la estatua original, abriendo nuevas interpretaciones sobre la problemática de la migración.
El grupo estatuario representa una familia constituida por un hombre, entre treinta y cuarenta años, una mujer un poco más joven, y un niño de cuatro años. Sus ropas sencillas son típicas de agricultores o de obreros no especializados. Las pocas pertenencias personales que llevan consigo (el lleva una valija y ella un bolso) sugieren una familia en tránsito.
Sus miradas no se cruzan, están dirigida hacia direcciones distintas, lo que indica cierta turbación familiar.
El hombre, mientras con la mano derecha empuña la valija, con la izquierda arrastra un saco, cuya tela se funde con el vestido de su mujer, son las ropas (los hábitos) aquello que parece unir la pareja, la clase social a la cual pertenecen y la búsqueda de satisfacer las mismas necesidades: parafraseando a Borges “Mas que el amor los une el espanto”
El peso de su cuerpo y de la valija sobre el pie derecho señala que esta por dar un paso al frente, hacia donde sostiene la mirada. La mujer, en cambio, tiene el rostro dirigido hacia atrás, como si no quisiera dejar su pasado.
Este instante de turbación, esta dramatizado por el niño que esta entre ellos, entre el futuro que mira su padre y el pasado que su madre no quiere dejar atrás, entre el lugar de destino y el de partida. La entera familia esta dejando su pasado para conquistar un futuro aun incierto. .
Un artículo publicado en septiembre de 1999, titulado “Para no olvidar quien ha partido”, ancla esta representación en el gran éxodo italiano. “También para la gente de montaña afortunadamente está lejos el tiempo en el cual había que abandonar el propio pueblo, la casa, las personas queridas para tener la esperanza de un futuro sólido de trabajo y bienestar económico”.
Diecisiete años después, en ocasión de la inauguración de la “copia” de la estatua en Australia, el mismo monumento encuentra otra interpretación: “Todos los oradores: el gobernador, el intendente de Adelaida, la directora del Museo, el honorable Stefani, ilustraron el gran aporte de trabajo y de progreso dado a la vida de Sud Australia por los italianos: grandes trabajadores, ingeniosos, dotados de energía e ideas. Los partícipes también recordaron que los italianos llegaron con la sola indumentaria de trabajo y un paquete con objetos personales, pero ricos de esperanza y voluntad” (Ennio Tessari. Messaggero di Sant’Antonio).
Mientras en Asiago el monumento hace clara referencia al “emigrante”, en Australia hace referencia al “inmigrante”.
Cada representación está determinada, en primer lugar, por el “locus” donde está ubicada, y en un segundo momento por los escritos presentes en casa pedestal (la única diferencia formal entre ambos monumentos. Aunque distintos, ambos escritos presentes hacen referencia a un pasado remoto. Porque así como “el coraje y deseo de conquista” puede ser expresado por el inmigrante solamente en el momento en el cual, perdida su condición de tal, se siente patrón de casa – el “recuerdo nostálgico” es un sentimiento presente en quién no espera el regreso de aquel que partió. Ambas lecturas conforman las dos caras de la misma moneda que resaltan el valor presente de un pasado común.
Entonces, mas allá del aspecto estético, es la realización de la reproducción lo que hace paradigmática esta obra, dado que en el momento que ofrece más de una lectura “institucionalizada” sobre si misma inaugura también esta posibilidad interpretativa en todas las estatuas de este genero. Mas allá de las representaciones de “emigrados” o “inmigrados” es la misma “acción migratoria” aquello que también termina siendo exhibido, mas allá de las intenciones de los comitentes y artistas, es el “problema migratorio” sin solución de continuidad aquello que se convierte en protagonista.
Junto a la representación de mis abuelos (que partieron en 1933), de mi tío (en 1948), veo aquella de mi padre, mi madre y yo bebé cuando dejábamos el pueblo natal (en 1965), o cuando desembarcábamos en Buenos Aires para volver al Altiplano (en 1977) y dejar el Altiplano para volver a América Latina (en 1979). Veo la entera familia apenas llegada de Algeria (en el 2006) que vive en el mismo edificio donde yo vivo en Verona, como a otros grupos extracomunitarios que encuentro cotidianamente en la estación, en los autobuses, como los bolivianos y peruanos que cruzo en las calles de Buenos Aires.
Tanto las épocas como la nacionalidad de las figuras pasan a un segundo plano y es el rol marginal “out side” de las reglas establecidas de toda la sociedad organizada, aquello que es expuesto. Hoy, en estas estatuas “la acción presente” comienza a cobrar mayor importancia del sujeto histórico representado. Es un determinado “status de transito” aquello que queda en evidencia. Lo que está expuesto sobre el pedestal es el posible “rol de pasaje”, a veces circundado por una reja para proteger la sociedad de este “movimiento” anómalo. Entonces decenas de pedestales, mas allá de sus escritos reductivos, exponen, junto a un pasado glorioso, la amenazante presencia de los actuales emigrantes, junto a nuestros emigrantes, las nuevas familias que están llegando.
Son monumentos que honran el coraje de quien inmigra y al mismo tiempo denuncia su ilegalidad. Se exhibe en lugar publico, la pretensión de cientos y cientos de extranjeros de ocupar suelo privado. Aunque de forma controvertida y despertando sentimientos ambiguos, sólo el arte nos habla tanto de la propia historia como de los deseos y miedos de nuestra civilización. Esta es una de sus funciones y su fuerza.
Los sentimientos, que usualmente y en el mejor de los casos, por decoro o prudencia, no se expresan ni siquiera delante del espejo, se deslizan desde siempre y como siempre a través de las mascaras del arte

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